Trilhos Serranos

Está em... Início Crónicas ARTE EFÉMERA
segunda, 04 março 2019 19:21

ARTE EFÉMERA

Escrito por 

ESCULTURAS DE FUMO

Na sequência dos meus “posts” no Facebook, resultantes da queima de incenso no víveo com o título “NINFA DE SIÃO”, recebi, de um amigo espanhol,  o texto que se segue, com o respectivo intróito e conclusão:

6AF5CD1D-B954-4F65-87E5-A021925FAD37Juan José Garrido Adán

Desde que o senhor começou com estas publicações está a me lembrar de algo que li há muitos anos. Tratasse dum escrito de Giovanni Papini. Em seu livro Gog (1922) fala num escultor que trabalha com fumo.

Agora é que posso dar a informação com uma mínima precisão e vou dá-la. Lá vá o texto que tanto me relembro o senhor (texto e minha juventude, altura em que gostava de leituras como essa)

 https://revistamandragora.com/.../giovanni-papini-la.../

Lamento não ter a versão portuguesa, peso desculpas. Gosto das suas esculturas.

Um abraço

“No voy nunca a visitar estudios de artistas. Porque me aburro; porque no sé qué decir; porque se encuentran casi siempre las mismas cosas; porque todos ven en mí únicamente al que regala cheques, al mecenas incompetente y fácil de engañar.

Pero el otro día me dejé tentar por un escultor checoslovaco, jovencísimo, desconocido, albino, que se llama Matiegka.

—Venga —me dijo—. Verá lo que no podrá ver en ningún museo, en ninguna exposición del mundo. He creado, después de miles de años, una escultura nueva, no realizada jamás por nadie.

Cuando salió a abrirme me hizo pasar a una habitación más alta que larga —una especie de pozo con techo de cristal— y sin ventanas. Fuera de algunas sillas y una especie de trípode de hierro en el centro, la habitación estaba vacía; ni yesos, ni bocetos, ni mármoles, nada que revelase el estudio de un escultor.

—¿Trabaja usted aquí?

—Trabajo aquí —contestó Matiegka—. Siéntese y confiese su sorpresa. Ya le dije, sin embargo, que había aprendido a crear lo «nunca visto». ¡Yo también soy escultor! Pero no al modo grosero de todos. La antigua escultura, maciza y pesada, herencia de los egipcios y de los asirios, ha perdido ya toda su actualidad. Correspondía a una civilización religiosa, monárquica, lenta, primitiva. Ahora somos ascetas, anárquicos, dinámicos, cinemáticos. La escultura debe cambiar también. Fabricar estatuas en mármol, en piedra, en bronce —aunque no sea más que en plata o en madera — sería, ahora, como viajar en los carros de los faraones o vestirse con la armadura de Bayardo. Es necesario, ante todo, cambiar la materia. Modelar estatuas de nieve, como hizo Miguel Ángel en el patio del Palacio de los Médicis, o de cera, como ha hecho Medardo Rosso, era ya un progreso, pero demasiado tímido. ¿No ha observado nunca a los niños, en las playas del mar, cuando construyen figuras de arena? ¿No se le ha ocurrido nunca observar a un artista vendedor de helados que esculpe en la crema y en el hielo? Éstos han sido mis maestros. »La única solución plástica posible consiste en pasar de la inmovilidad a lo efímero. El arte más perfecto, la música, late, pasa y desaparece. El sonido es instantáneo, no perdura, y, sin embargo, es potentísimo. Si todas las artes aspiran a la música, incluso la escultura debe aproximarse a aquella divina cosa pasajera. Le daré ahora mismo el ejemplo.

E7D78C47-D4BB-41F6-AE9A-3970EE201256Al decir esto, Matiegka, con sus manos delicadas, destapó el trípode que se hallaba en medio del estudio y colocó en él una pasta negruzca a la que prendió fuego. Una columna densa y espesade humo se alzó, rectilínea, sobre el brasero. El fantástico escultor cogió una especie de larga paleta con la mano derecha, luego otra con la izquierda, y comenzó velozmente su trabajo, girando en torno al globo alargado de humo, ayudándose, además de los instrumentos, con los brazos y con el aliento. En menos de un minuto, la oscura columna había adquirido el aspecto de una figura humana, de un fantasma amarillo que a cada instante amenazaba con esfumarse. La masa se había redondeado en la cúspide hasta parecer una cabeza, y, con un poco de buena voluntad, se podían distinguir una veleidad de nariz y el conato de una barbilla. El humo, espeso y graso, como el que sale de las viejas locomotoras en reposo, se dejaba cortar por los mordiscos reiterados de las paletas. Matiegka, palidísimo, se movía como un condenado; arrojaba el humo que amenazaba confundir las dos piernas, soplaba ligeramente sobre los hombros de la aérea estatua para hacerlos más verosímiles, o alejaba el alón humeante que impedía definir las líneas de la obra. Finalmente se separó de su obra, se acercó a mí y gritó:

— ¡Mire! ¡De prisa! ¡Imprima la forma en su memoria! ¡Dentro de pocos segundos la estatua se desvanecerá como una melodía que acaba!

Y realmente, poco a poco, el humo, alargándose, la deformaba; el fantasma se deshizo, se disolvió en una niebla oscura que, lentamente, desaparecía por una abertura de la claraboya.

— ¡La obra maestra ha muerto como mueren todas las obras maestras! —exclamó Matiegka—. ¿Qué importa? Puedo volver a hacer cuantas quiera. Cada obra es única y debe bastar para la alegría de un momento único. Que una estatua dure diez siglos o diez segundos, ¿qué diferencia hay con relación a la eternidad, qué diferencia si tanto aquella de mármol como esta de humo, deben, al final, desaparecer?

Dejé a Matiegka entregado a su entusiasmo, después de haber alabado como mejor supe la innegable originalidad de su arte.

Cuando volvía al hotel pensaba para mí mismo que la nueva escultura tiene, para los mecenas económicos, un mérito enorme; no puede ser conservada ni transportada, y, por tanto, no puede ser tampoco comprada.

***

Giovanni Papini. (1881-1956) Escritor italiano, maestro del cuento, admirado por Borges y crítico de la Italia de su generación. Negó a Hamlet y a la Comedia; ateo y fascista al principio de su vida, católico al final, Papini sentó las bases de la narrativa moderna. El relato incluido aquí fue tomado de Gog (1922).”

Abílio Pereira de Carvalho O amigo Juan José não imagina o prazer que me deu ter-me mandado o texto sobre o “ESCULTOR“ cuja matéria-prima era o fumo. Eu sei que neste nosso globo terráqueo é difícil ser ORIGINAL. Mas nunca pensei ter sido precedido nesta coisa da “ARTE EFÉMERA”. Tenho mais fotos para “postar” todas elas extraídas do vídeo que alojei no Youtube a partir do queimador de incenso, com o título “NINFAS DE SIÃO”. Obrigado pela atenção.

Juan José Garrido Adán Penso que, desde a idade de ouro dos gregos, a humanidade fico órfã de novidades.

Só nos resta reencontrar, redescobrir, olhar, voltar a ver... Colombo descobriu América, por mais que estivesse cheia de "Americanos", porque ninguém tinha falado disso para a nossa cultura, nosso mundo. 

O senhor descobriu e valorizou algo que nem toda a gente vê”.

 

NOTA: resolvi transpor estes “posts” para este neu espaço, dada a facilidade de consulta, caso necessite voltar a eles.






Ler 291 vezes
Abílio Pereira de Carvalho

Abílio Pereira de Carvalho nasceu a 10 de Junho de 1939 na freguesia de S. Joaninho (povoação de Cujó que se tornou freguesia independente em 1949), concelho de Castro Daire, distrito de Viseu. Aos 20 anos de idade embarcou para Moçambique, donde regressou em 1976. Ler mais.